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Ramón Vargas Foro Inter – Americano de Gerentes de Recursos Hídricos

2/11/00 Foz de Iguazú – 1 y 2 septiembre de 2001

ravargas@infovia.com.ar


EL HIDROSCOPIO: Un método participativo para desarrollar la Democracia del Agua.


por Ramón Vargas



El problema está, en lo sucesivo, en transformar el descubrimiento de la complejidad, en método de la complejidad”.


Edgar Morin



  1. El método Agua, Vida y Desarrollo:


El método Agua, Vida y Desarrollo , se ha desarrollado como un intento de resolver la complejidad que presentan los problemas de agua.


Tradicionalmente, estos se han enfocado principalmente desde la oferta natural del recurso hídrico y desde las tecnologías disponibles para ser aplicadas a la resolución de problemas productivos o al asentamiento de poblaciones. Se podría afirmar que han primado los enfoques desde las ciencias naturales y desde el mundo de la tecnología y se ha descuidado el enfoque desde las ciencias sociales.


El trabajo en una escala local, ha permitido comprender la importancia de iniciar el proceso de reflexión y acción principalmente desde la comprensión del mundo cultural y social y avanzar en pasos sucesivos y armónicamente junto con las ciencias naturales y el mundo de la tecnología.


Mediante unos diez talleres, realizados con campesinos y técnicos de distintos países de América Latina, se fue testeando y mejorando esta propuesta, que finalmente es publicada por UNESCO, como Manual Agua, Vida y Desarrollo ( Tomo 3).


Esta construcción colectiva entre distintas disciplinas y culturas ha permitido visualizar la riqueza de una forma de trabajo que nos obliga a trabajar transdisciplinariamente y transculturalmente.


Al final del siglo se ha generado una fuerte reacción mundial y nacional alrededor del futuro del agua. Innumerables reuniones políticas y científicas debaten sobre los temas del agua. A los distintos enfoque se aporta esta metodología participativa para la acción y reflexión en la problemática hídrica.


  1. Cultura, poder y futuro del agua:


La historia de la humanidad se ha tejido alrededor del agua. Es más, los orígenes de muchas culturas, incluida la “occidental”, devienen de diluvios, mares o aguas universales o sagradas.


Sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que toda cultura (en sentido antropológico) posee una cultura hídrica o cultura de agua. Esta es producida socialmente y productora de la sociedad o cultura de que se trate.


La historia de la Humanidad, es la historia del agua. Ha generado desde las grandes “civilizaciones hidráulicas”1 hasta las más originales estrategias de supervivencia como la desarrollada por los bosquimanos en el desierto de Kalahari. Desde modelos de gestión hidráulica autoritaria o militar hasta democracias del agua.

Las fuentes de agua han sido y son fuentes de vida y también fuente de poder.


En el diseño de los escenarios de futuro, el agua se presenta como un recurso estratégico con un alto potencial de conflicto. “Los factores que convierten el agua en fuente probable de rivalidad estratégica son: 1) el alcance de la escasez; 2) el grado en que su abastecimiento se comparte entre más de una región o estado; 3) el poder relativo de los estados de la cuenca; y 4) la facilidad de acceso a fuentes alternativas de agua dulce”2


La reflexión sobre el agua, entonces, no puede ser una reflexión inocente o ingenua.


El manejo del agua (la gestión del agua) es el manejo de los conflictos (la gestión de los conflictos).


El futuro del agua es el futuro del Mundo y de la Humanidad. Se trata, entonces, de la cultura y futuro de los pueblos.


El despilfarro, la contaminación y la expropiación del agua de los pueblos, son ya injustificables. Realmente, siempre fue injustificable visto desde el lugar de los desposeídos.


Por ello, debemos estar dispuestos ha revisar las ideas, los enfoques teóricos y prácticos que nos han llevado hasta el punto en que estamos.


Aún persiste la fragmentación del conocimiento y el parcelamiento de las instituciones. Los esfuerzos por la transdiciplinariedad y por la gestión integrada de los recursos forman parte de un utopismo académico, que no se refleja en la cotidiana acción de los centros de decisión, sean estos locales, nacionales o internacionales.


Mucho es lo que se ha avanzado en el plano de la percepción de los fenómenos complejos y su conceptualización. Pero la operación concreta sobre la realidad está, aún, ligada a las formas legislativas, institucionales e ideológicas que permiten los intereses económicos y políticos y que “son producto de acuerdos, imposiciones o pactos sociales, políticos o económicos que siempre dependerán de la fuerza de los contendientes, pero cuyo origen no es científico ni divino “.3

La multiplicidad de dimensiones socioculturales del agua no pueden, ni deben, reducirse a la escala de un “valor económico “ o un “ recurso económico”.


Los “mitos de la globalización”4 y las bondades de los mercados globalizados, son puestos a prueba por la dura realidad que deben vivir millones de personas en el mundo.


El “horror económico”, no habla de otra cosa que no sea la falacia de los mercados de trabajo y las políticas activas para crear empleos, para los desocupados que genera el propio sistema.


Una treintena de personalidades de todas las regiones del mundo, dieron a conocer un manifiesto que resume en sus contenidos la necesidad de una profunda reflexión y acción, que enfrente la que se realiza en el Foro de Davos y que reúne a los millonarios y poderosos del mundo . Dicen: es tiempo de revertir el curso de la historia, de poner la economía al servicio de los pueblos, de encarar la crisis de la civilización, de rechazar el poder del dinero, de transformar el cinismo en dignidad y la dignidad en poder, de reconstruir y democratizar el Estado, de ser verdaderos ciudadanos, de volver a nuclear los valores colectivos, de mundializar las luchas sociales, de despertar la esperanza de los pueblos.5


El debate del agua no puede ni debe estar fuera de este debate.


En innumerables reuniones nacionales e internacionales se nos invita a debatir sobre: el “nuevo papel del Estado”; la “modernización de las leyes del agua”; la “participación privada” ; la adecuación de los sistemas para el otorgamiento de los derechos de uso a efectos de garantizar certidumbre y seguridad jurídica para propiciar la mayor concurrencia del sector privado; la debida consideración de objetivos sociales y ambientales; el cumplimiento de normas de calidad en la prestación de servicios y conservación del agua; la valoración de los servicios prestados por el sector privado y la viabilidad de esquemas de participación del sector privado.6


Es una buena oportunidad para incluir las preguntas que faltan:


1) Cómo respetar y garantizar los derechos de aguas de los pueblos y de la gente?


2) Cómo valorizar las formas tradicionales que tienen nuestros pueblos de manejo del agua y sus conflictos?


3) Cómo mejorar la prestación de los servicios públicos y dar participación a los usuarios en su conducción?


4) Cómo lograr la aplicación de la legislación existente?


5) Cómo ampliar y profundizar la democracia representativa en una democracia participativa, que también se refleje en el manejo y gestión de un recurso tan vital como el agua?


6) Cómo equilibrar los objetivos conflictivos del crecimiento económico, la equidad social y la sustentabilidad?


7) Cómo evaluar la eficiencia, incorporando más allá y antes que lo económico, también los criterios sociales y ambientales?


8) Cómo valorar la solidaridad y responsabilidad respecto de las generaciones futuras, que son nuestros hijos y nietos, para no hablar en abstracto?


9) Cómo incorporar a estos debates los conocimientos y saberes de nuestras culturas originarias?


10) En definitiva, cómo desarrollar la democracia del agua?


Un cuarto de todo el escurrimiento anual mundial (41.730 km3) se produce en los ríos de América Latina (10.380 km3). Esto significa unos 585 milímetros, cuando Europa tiene 319 mm y Norteamérica 287 mm.7


La guerra del agua está anunciada como una guerra del futuro por distintos geopolíticos y futurólogos. Pero el diseño del futuro se está peleando hoy.


El agua es vida si la manejamos responsablemente. Esta riqueza en agua, no entra en nuestras cuentas nacionales, pero es muy seguro que está en la contabilidad estratégica de los centros de poder nacionales, internacionales y transnacionales.


El debate del agua es el debate de la vida y futuro de nuestros pueblos.


Para la gente un río es un río y no un recurso hídrico. Es su río, su paisaje, su música, su vida, la de sus hijos, la libertad, la esperanza, la subsistencia, los recuerdos, la poesía, sus mitos y leyendas, sus fantasías y utopías. Un río es todo y mucho más.


¿Cómo incluir todo eso dentro de un mercado del agua, o dentro de un modelo matemático de hidrología?..........



  1. De la construcción de saberes e ignorancias:


Como sociedad estamos planteando soluciones parciales que luego se transforman en problemas totales. Fragmentamos nuestro pensamiento y fragmentamos nuestra acción.


Desde el punto de vista del pensamiento, incluido el conocimiento, las ciencias sociales, las ciencias naturales y el mundo de la tecnología se encuentran separadas en compartimentos estancos con muy poco contacto entre sí.


Es más, dentro mismo del campo de las ciencias naturales, el intercambio entre las distintas disciplinas como la geología, la geomorfología, la hidrología, la hidráulica, la climatología, y tantas otras, siguen rumbos propios. Otro tanto se puede decir de las distintas disciplinas de las ciencias sociales o del mundo de la tecnología.8


Es muy significativo que esto siga ocurriendo en los hechos y que paralelamente estemos hablando, discurseando, permanentemente de la “globalización”. Admitimos como cierta la globalización, pero mantenemos fragmentado el conocimiento, los saberes, las disciplinas, la formación de nuestros profesionales y la acción de nuestras instituciones. Sobre todo la acción.


La acción la sectorizamos en ministerios, secretarias, direcciones, programas y proyectos distintos. Estos responden a estructuras de acción que ya no se muestran eficientes para resolver los problemas complejos. A problemáticas complejas le aplicamos una “solucionática” parcial, sectorial, que termina produciendo problemas totales. Los temas de salud están en un ministerio. Los temas de agua potable y cloacas en otro ministerio. Los problemas de la producción en otro con varias direcciones distintas. Sectorizamos para accionar y no integramos para solucionar.


A estos dos aspectos anteriores se suman, los problemas que surgen entre jurisdicciones distintas. La nación, la región, la provincia y los municipios, aún no encuentran espacios de reflexión y acción constructivos para resolver armónicamente sus problemas.


En definitiva debemos realizar un esfuerzo conceptual y político para crear un espacio de razones y soluciones múltiples que impida la fragmentación, cuyos tres ejes principales son: lo disciplinario, lo sectorial y lo jurisdiccional.


Cada uno de estos ejes debe incorporar una reflexión que pueda crecer al interior de su propio conocimiento (lo intra), en la relación con otros saberes (lo inter) y finalmente que construya un nuevo saber superador (lo trans).


Este espacio intra – inter – trans disciplinario, sectorial y jurisdiccional es el que puede permitir crear el espacio de razones y soluciones múltiples que eviten la catástrofe de la fragmentación.


Esto no es sólo un problema epistemológico, sino y principalmente es un problema político. Es el método para construir una reflexión y una acción integral que asuma los conflictos sociales para resolverlos y no para ocultarlos. El manejo del agua es el manejo de los conflictos.


La fragmentación del pensamiento y de la acción es una necesidad, cuando el poder se maneja en forma no democrática. Cuando el bien común quedó olvidado en alguna vuelta de la lucha por el poder.


Por otra parte, olvidamos con mucha frecuencia, que la producción de saberes es también la construcción de ignorancias. Estamos dispuestos a realizar un esfuerzo para conocer sólo ciertas cosas. Muy poco nos preguntamos sobre porqué decidimos no conocer ciertas otras.


Se enseña lo que se sabe y de ese modo se forman nuestros estudiantes. Este mejora su competencia si el experto puede hacerle partícipe de lo que no sabe y trata de saber, para el caso que el experto sea, además, investigador.9 Así se entra en la dialéctica de la producción del conocimiento científico. Pero este no es todo el saber. Existen y coexisten diversos saberes dentro mismo de nuestras particulares culturas y hasta dentro de nuestros compartimientos disciplinarios, (culturas organizacionales de tal o cual institución científica o de desarrollo).


Cuando se desean producir conocimientos y cambios, en temas complejos, se ponen en contacto disciplinas y culturas diferentes, que tienen sus particulares formas de producir saberes e ignorancias.


Por una parte, “ el problema está, en lo sucesivo en transformar el descubrimiento de la complejidad en método de la complejidad ”.10


Por otra parte, es necesario comprender y asumir lo cultural como una matriz productora de significado y sentido, donde se digieren y reciclan las interacciones y experiencias.


El egocentrismo cultural, social, disciplinario o de cualquier otra índole, debe ser metodológicamente derrotado. Es una batalla continua contra la fragmentación de la mirada, el pensamiento y la acción. Esta batalla también debe tener un correlato con el mecanismo de selección y financiamiento de proyectos de investigación – acción.


Por ello es necesario hablar de procesos, más que de proyectos.


Esta diferencia, no es menor. Los proyectos tienen comienzo y fin. Los procesos tienen sólo continuidades, aún con cambios de dirección, retrocesos o aceleramientos.


El enfoque de “ proceso ”, apunta a la producción “ cultural ” de saberes e ignorancias. Es socialmente productivo y productor (creador y recreador ) de lo cultural.


La lingüística y algunas ramas de la antropología han comprendido las diferencias culturales. ¿ El resto de las disciplinas también?. Los hidrólogos habrán comprendido todo el saber contenido en las docenas de términos que tienen los esquimales, para denominar la nieve. Cuando los pueblos amazónicos o chaquense de América del Sur hablan de “aguas blancas” y de “aguas negras” ¿entendemos las diferencias productivas que tienen unas y otras?


La destrucción del cedro y del árbol del rocío perjudica a todos- dice Dionisio Garay de Yukeri, de la cultura Guaraní, de Paraguay – Porque por sus raíces alzan el alimento, el agua, que larga por las hojas en las noches en el rocío”. Es bajo estos árboles en que se puede producir en un clima subtropical, de alta insolación y alta variabilidad de lluvias. Cientos de años de conocimientos y saberes, que archivamos en mitos y leyendas. ¿ Los agrónomos están dispuestos a incorporar estos nuevos y viejos saberes? ¿pensarán en el rocío de los Guaraní ? ¿serán posibles la construcción de saberes que incorporen lo mejor de cada una de nuestras culturas?.


Por el contrario, el enfoque de “ proyectos ” apunta a la producción “ expertas ” de saberes e ignorancias. Este es “expertamente” productor y productor de experticia. El impacto sociocultural del mismo queda encerrado en el circuito académico del conocimiento. El circuito sociocultural de producción de saberes, acciones e ignorancias apenas es tocado por alguna noticia lejana que habla de nosotros (la gente), como objeto del estudio de otros o de ellos mismos (los expertos) como héroes de la lucha eterna entre el saber y la ignorancia.


  1. EL INTRA – INTER – TRANS: Fluir en la vida y en la ciencia.


No hay vida, ni producción sin agua. Tampoco hay problema de agua sin sociedad. Es la sociedad la que sufre los problemas y debe identificarlos. Cuando una ciudad se inunda hay quienes creen que este es un problema hidráulico. En el mejor de los casos lo llegan a identificar como problema urbano. La gente lo vive en su totalidad. Ni interdisciplinariamente, ni multidisciplinariamente.


La vida no es “ compleja”, es intensa. Y es ésta intensidad la que obliga a un permanente esfuerzo de articulación conceptual entre los distintos procesos de la realidad. Nos obliga a fluir intensamente.


Cuando se analizan las estrategias de supervivencia tanto en culturas tradicionales, como en culturas populares, hay un permanente fluir entre los procesos físicos, biológicos y sociales, sobre los cuales se toman decisiones. La resultante de este fluir intenso es lo que algunos llaman la “ lógica campesina” o la “ cosmovisión aborigen”.


El eje central de la metodología que se describe, remite permanentemente a la necesidad de preguntar y preguntarnos. Es la necesidad de “ problematizarnos ”, en el sentido de Paulo Freire, la que nos conduce a la reflexión y acción conjunta con las comunidades.


Pero este proceso de comprender las necesidades y los problemas puede estar obstaculizado por una visión parcial, disciplinada y disciplinaria de la realidad.


Cuando el técnico se acerca a los problemas desde la técnica, está sometido al grave riesgo de los “ obstáculos epistemológicos ”, que le impiden ampliar su propio campo de soluciones. La técnica es una solución práctica a problemas concretos y como tal funciona como una respuesta. Pero “ cuando se contesta, sin que existan preguntas, las preguntas enmudecen ”, dice Gastón Bachelard.11


Hay que salir a crear un espacio de comunicación entre culturas y disciplinas diferentes. Este es un espacio compartido, por ejemplo entre campesinos y técnicos, donde habrá que preguntarse nuevamente:¿ Con qué ideas pienso–pensamos ?¿ cómo actúo – actuamos?, ¿ quién – quiénes pensamos y actuamos ?


Este es el espacio donde se entrecruzan la dimensión conceptual, la dimensión operacional y la dimensión organizacional. Espacio multidimensional de preguntas y razones múltiples: del ser, del hacer y del conocer en forma compartida (fig. nº 1).


El avance del conocimiento, tanto en el desarrollo de la ciencia como en la evolución psicogenética, se efectúa bajo las formas de estadios que pueden caracterizarse perfectamente, según J. Piaget12. Hay un mecanismo de pasajes de un estadio a otro, que conduce de lo intra – objetal (o análisis de los objetos), a lo inter – objetal (o estudios de las relaciones y transformaciones) y de allí a lo trans – objetal (o construcción de estructuras).

F
igura nº 1: Espacio multidimensional de preguntas y razones múltiples.





Así, los objetos conceptuales de cada disciplina (intra – disciplina) van interaccionando entre sí y generan nuevos objetos conceptuales (inter – disciplinario). Nuevas interrelaciones en espacios complejos de “ razones múltiples”, crean a su vez, un enfoque superador (trans – disciplinario) que se revierte y retroactúa en los estadios y objetos conceptuales anteriores. Es el fluir intenso dentro y entre las ciencias o las distintas formas de los saberes. Esto puede esquematizarse como en la figura nº 2.




Figura nº 2: Estdíos INTRA – INTER – TRANS en el desarrollo de objetos conceptuales . Los cículos representan los objetos conceptuales y las flechas son las interacciones e interrelaciones.




  1. El cuadro de análisis global del problema del agua:


Si observamos detenidamente el cuadro de análisis global del problema del agua, que hemos denominado “ hidroscopio”, (fig. n º 3), veremos que el proceso “ intra – inter – trans” está presente, obligándonos metodológicamente a ampliar nuestro punto de vista disciplinario.




Figura nº 3 : Cuadro de análisis de los problemas de agua. Lo denominamos HIDROSCOPIO : instrumento conceptual para la acción y la reflexión.






Se crean objetos conceptuales interdisciplinarios, como “ desarrollo hídrico”, “ problema hídrico”, etc. Reorganizándolos y reconstruyéndolos permanentemente en una estructura metodológica trans – disciplinaria, como el conjunto del cuadro mismo.


Este permite concebir la multiplicidad de los puntos de vista, y después pasar de un punto de vista a otro.


En lugar de cerrar y fragmentar las entidades (físicas, biológicas y socioculturales) se circula productivamente entre ellas. Intensamente como en la vida.


Este cuadro de análisis global de los problemas de agua, permite articular, en pasos sucesivos, el aporte de las ciencias sociales, las ciencias naturales y el mundo de la tecnología.


Para mirar las cosas que están lejos se utiliza un telescopio, y para mirar las cosas pequeñas un microscopio. Para mirar las cosas complejas de los problemas del agua se ha generado un instrumento conceptual que es el “hidroscopio”


El cuadro de análisis global del problema del agua, ha sido denominado “hidroscopio”, como una forma de significar que se necesita de un instrumento conceptual para la reflexión y acción transdisciplinaria y transcultural.


  1. Cultura democrática y desarrollo sustentable:


Una de las propuestas básicas del Manual Agua, Vida y Desarrollo, es la posibilidad y necesidad de la construcción y reconstrucción de la Cultura Hídrica. Al ser el agua un elemento vital, esta posibilidad está profundamente ligada a las condiciones de aparición, existencia y continuidad de una Cultura Democrática.


Si observamos la Democracia en la realidad de América Latina, es posible comprender hasta que punto, aún sigue siendo un objetivo a lograr. Vivimos en “ el continente de las grandes desigualdades”. Todo proceso que tienda a transformar estas desigualdades se ha de enfrentar con fuerzas opuestas que son las que se benefician con estas desigualdades. La producción de saberes y cambios, es un proceso que debe asumir una estrategia, para este contexto específico.


Todo intento de construir una visión holística y una acción participativa se va a enfrentar con la necesidad de fragmentación – y de producción de ignorancias – que tienen los grupos dominantes locales.


Realmente el enfrentamiento es cultural. Por ello el cambio también lo es.


En nuestra “ cultura” latinoamericana, se ha enquistado un elemento que rompe la posibilidad de creación de cultura. Desde muy niños se nos premia o castiga ante el “éxito” o el “error”. Esto refuerza un circuito cultural donde el error se contabiliza en la cuenta del fracaso.


Culturalmente, no trabajamos con el error, lo sufrimos cambiando nuestras emociones negativamente. El éxito lo vivimos como triunfo, mediante un mecanismo cultural que lo refuerza. Somos una “ cultura triunfalista”13. Para comprenderlo, sólo basta ver el lugar que ocupan nuestros “héroes”, deportivos, militares o políticos; mientras van ganando…; y después.


La posibilidad, que tanto el éxito como el error deba estar sometidos a evaluación es casi socialmente impensables. Sin embargo, la única posibilidad de crear cultura, es la acumulación sucesiva de experiencia. Y la experiencia surge de evaluar reflexivamente, el resultado (bueno o malo) de una acción sobre la realidad. Es la “ cultura constructiva” o “ liberadora” o “ ecologista”. (según sea el autor).


Los proyectos, que tienen comienzo y fin, están imposibilitados de producir cambios locales. Las evaluaciones se acumulan, como experiencia, en las fuentes de financiamiento o de cooperación. Localmente, sólo queda el recuerdo trunco del éxito o fracaso, sin la posibilidad de corregir o continuar el cambio. Es una sensación de derrota. Y la derrota es cultural.


En un mismo lugar y tiempo coexisten distintas culturas14. Es más, en uno mismo se produce una lucha permanente entre lo que pertenece a la cultura dominante y lo que pertenece a la cultura constructiva.


En el mismo espacio de interacción social se pueden distinguir cuatro culturas que confrontan permanentemente: 1) cultura de la dominación, 2) cultura de la dependencia, 3) cultura de la resistencia, y 4) cultura constructiva o democrática15.


La producción de saberes y cambios, debe incorporar, desde su inicio esta contextualización, para que el conjunto de los integrantes del proceso puedan tender hacia una transformación, también de su propia conducta, instituciones y culturas. Es la disposición a transformarnos para transformar.


La trans – disciplina y la trans – cultura para ser eficientemente productivas en términos de desarrollo sustentable, respeto cultural y democratización también deben fluir, como la vida intensamente.


Se postula para el caso del agua, que el proceso de cambio, está constituido por dos líneas principales: el de la Cultura Hídrica y el del Desarrollo Hídrico.


La Cultura Hídrica avanza en niveles concretos de comprensión de la realidad y de elaboración conceptual, que permite el refuerzo de actitudes individuales y colectivas para enfrentar los desafíos de la realidad.


El Desarrollo Hídrico avanza a niveles concretos de satisfacción de necesidades, tanto físicas como de organización social para el manejo de los recursos hídricos.


Cuando se inicia la actividad en una comunidad, se observa un nivel de insatisfacción de las necesidades de agua y también un nivel de desconocimiento y comprensión de la realidad.


En la medida que se realizan talleres participativos entre técnicos y campesinos, en la comunidad es dable esperar que empiecen a satisfacer necesidades de agua (desarrollo hídrico) y que mejore la comprensión y conocimientos de la realidad (cultura hídrica). En los talleres se establecen prioridades, objetivos y estrategias, que van cambiando con el proceso del conjunto. (fig. n º4)




Figura nº 4 : Relación entre Desarrollo Hídrico y Cultura Hídrica.


Así se generan organización, sistemas, técnicas y métodos de carácter transdisciplinario y transcultural. Este es el proceso organizador que produce organización y la organización que produce proceso. Proceso que produce cultura y cultura constructiva capaz de producir proceso. Y ese proceso es la cultura y la democracia del agua.


En este contexto conceptual y metodológico, la producción de saberes y cambios tiene mejores perspectivas de beneficiar a los pueblos.





Resistencia, noviembre de 2000


Lic. Ramón Vargas


1 “Despotismo oriental”, Karl A. Wittfogel, Ed.Guadarrama, 1962.

2 “Amarga agua dulce: los conflictos por recursos hídricos”, Peter H. Gleick, Cuaderno de Debate Internacional. Ecología Política nº8. 1994

3 “El agua como activo social”, Federico Aguilera Klink, Universidad de La Laguna, en “El agua, mitos, ritos y realidades”, de varios autores. Coloquio Internacional. Granada, 1992. De. Anthropos.

4 “Los mitos de la globalización”, Peter Cleaves, en Revista Formula XXI, Año1,nº3.

5 “Es tiempo de revertir el curso de la historia”. Foro Mundial de las Alternativas. Samir Amin , Pablo González Casanova y otros. Revista Sur. 1997

6 “Temas centrales”. Tomado de uno de los temas centrales de la Reunión Regional de la GWP ( Asociación Global del Agua. Noviembre 1997. Victoria, Brasil.

7 “El agua en el mundo: presente y futuro”. Mark Lvovich. Editorial Cartago, 1975.

8 Para ver una metodología de acción y reflexión sobre los problemas de agua que integre las ciencias sociales, las ciencias naturales y el mundo de la tecnología se puede consultar “ Agua, Vida y Desarrollo”, tomo 3, Unesco, 1991, por Ramón Vargas.


9 “ La condición postmoderna” – Jean – Francois Lyotard, 1987, Editorial REI.

10 “ El método” – Edgard Morín, 1977 – 86 , Editorial Cátedra.-


11 “La formación del espíritu científico ”, Gastón Bachelard, 1985, Siglo XXI.


12 *2. “ Psicogénesis e Historia de la Ciencia”, Piaget, J. y García, R. 1982, Siglo XXI.


13 Vargas, Ramón: “ Manual Agua, Vida y Desarrollo”, Tomo 3, Pag.40 a 45. 1991- UNESCO – ROSTLAC.


14 Magrassi, Guillermo: “Cultura y Civilización desde Sudamérica”, 1982, Ediciones Búsqueda. Buenos Aires

15 Vargas, Ramón: “ Manual Agua, Vida y Desarrollo”, Tomo 3, Pag.40 a 45. 1991- UNESCO – ROSTLAC.


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